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1 de agosto de 2015

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Me buscan una y otra vez para dar opinión sobre algo relacionado con el Departamento Infantil. Por un lado me siento feliz por este reconocimiento, pues ya hace más de 20 años que investigo sobre la infancia y la fe de los niños y lo que esto tiene que ver con la Iglesia de Cristo, con el Reino de Dios y con la buena educación cristiana y reformada para los hijitos de la Promesa. Por otro lado, siento que a veces me falta aire ante tantos desafíos y también agilidad para ir atrás de innumerables informaciones en este mundo más que moderno. Uno de estos días me preguntaron sobre el uso de la Biblia en celulares durante el culto.
Definitivamente el mundo de la tecnología no tiene más retorno. ¡Y da vueltas veloces con nosotros adentro! ¿Cuántas situaciones vemos que hasta hace poco ni siquiera nos atrevíamos a imaginar? ¡Tantas! ¿Quién de nosotros llegando a los 50 años, podría imaginarse cuando niño que un día tendríamos un teléfono en nuestros bolsillos (el tal celular), con acceso a un montón de cosas que se puede hacer sólo con un toque en una aplicación bajada? Pero hoy puede leerse hasta la Biblia en el celular durante el culto, con derecho a escoger en cuál versión o idioma. Sí, son tiempos modernos, ¡pero me pregunto se ya no son tiempos muy modernos…!
Claro, hay beneficios en la tecnología. Claro que yo también tengo la Biblia en mi celular (bajé) y que ya me socorrió innumerables veces en viajes, cuando evangelizo a alguien sentado a mi lado en un ómnibus, o aún para una lectura devocional en una dependencia pública llena. Sí, este es uno más de los recursos a disposición, que usted y yo podemos usar.
Pero tratándose de iglesia, de culto público, voy a dar mi opinión: soy contrario a su uso. Soy contrario a su uso durante cualquier actividad en la iglesia y esto va de la Escuela Bíblica Dominical al culto vespertino y demás reuniones públicas de adoración y de estudio de la Palabra de Dios. Si me preguntan, seré obligado a decir que nada encuentro como argumento de que la Biblia en el celular no sea la Palabra de Dios leída. Y es claro que no podré ir contra esto cuando la versión digital sea fiel a las Escrituras originales. Pero, ¿por qué no recomiendo el uso de Biblias en celulares en el culto? Por lo menos por cuatro razones… mías:
1. Debido a la picazón incontrolable de los dedos tamborileantes y del cerebro moderno afectado por el terrible virus: Dii: digitalus irriquietus incontralavius.
No veo con muy buenos ojos este recurso en el culto. Noto que distrae más que ayuda en la concentración tan importante y necesaria durante el sermón y la exposición de las Sagradas Escrituras, pues celular conectado en culto ofrece siempre el peligro y la invitación a la distracción. Pocos son los que se quedan con el aparato “abierto” en la Biblia sin empezar a rascarse con la picazón casi incontrolable de seguir revisando el celular todo el tiempo. En salas de aeropuertos es lo que más veo: gente revisando su celular todo el tiempo, no demorándose casi ni un minuto en una página. En la iglesia las posibilidades no están ausentes. Ah, y ¿qué decir de la picazón de ver los e-mails rapidito? Y de la otra picazón: la de leer los torpedos o de responderlos, pues el nombre ya lo dice todo “torpedos”. Estos salen disparados por centenares y en diversos horarios, a cada hora, cada instante. A cada segundo son enviados más de 200 mil torpedos en el mundo, todos los días, incluyendo los domingos. Y siempre habrá un torpedo llegándole a usted durante el culto. Y torpedo recibido tiene una urgencia de ser respondido…
Hermanos modernos, seamos sinceros: ¡celular en la mano + mil recursos a disposición “y sólo a un toque” + torpedos = distracción segura! No conozco a nadie que logre controlarse y concentrarse en el culto sin dar una mirada distraída en el torpedo que acabó de llegar. Y aquí, en la distracción hay pérdida de concentración y también la falta de REVERENCIA en la Casa del Señor, pues estamos allí para adorarlo en la belleza de su Santidad y con todo nuestro corazón, mente y alma. Fallar aquí es ir contra la Palabra de Dios y su santa presencia en su casa (vea: Deuteronómio 6:1-7; Salmos 93:5; Habacuc 2:20 y Hebreos 12:28).
2. Debido a que considero ser un mal ejemplo para niños y adolescentes.
En esta misma línea un adulto puede decir que logra controlarse y concentrarse sólo en la Biblia en el celular y todo el tiempo en el sermón. Pero un niño y un adolescente no lo logran. Afirmo esto sin miedo, en 99% de los casos. Un “qué” de desconcentración y la “tentación” de seguir revisando el celular durante el culto, ocurrirá de parte de los más jóvenes y que están con sus personalidades en formación, más temprano o más tarde. Esta generación de niños y adolescentes es altamente vulnerable a la tecnología, y si un adulto hace esto en el culto, ¿qué les impide de hacerlo también? Y argumentos para esto no faltarán, aún más teniéndolo a usted y a su vida de adorador, adulto o padre que lee la Biblia en el celular durante el culto, (y quién sabe da sus navegaditas…), como motivo que le abrió el deseo de imitarlo en esto; pero no se quedarán sólo en esto.
Cuando leo que una persona de la iglesia y de la fe deba ser ejemplo de buenas obras[1] en estos tiempos, en este tema y en este campo, veo que el texto de Pablo a Timoteo debe ser observado urgentemente. No sea usted, adulto o hasta padre, un motivo de tropiezo para hacer que un niño, su propio hijo quede a merced de todas las tentaciones, cuestiones y demás distracciones involucradas e inherentes a una tableta o celular durante el culto.
¿Ya pensó usted en la seriedad de las palabras del Señor Jesús para nuestros días cuanto a hacer tropezar a uno de sus pequeñitos? Y allí, en el contexto de su advertencia, el Señor no está hablando sólo sobre sus humildes seguidores de todas las edades (pequeñitos en posición, clase social o conocimiento). ¡Él también incluyó a los niños![2]
3. Debido a la cuestión de situarse en la Biblia a través del campo de visión, reteniendo el pasaje leído, a fin de desarrollar una intimidad maravillosa de manejo con la Palabra de Dios.
Soy de aquellos privilegiados que aprendieron a leer con la Biblia. Alfabetizado, yo aún no lograba articular bien las frases, juntando las letras. Tenía cierta dificultad. Pero cierto día, mientras mi madre y yo estábamos leyendo su Biblia, ¡pude seguir la lectura solito! No me olvido de la emoción, ¡y hasta hoy aquel día está marcado en mi memoria para siempre! ¡El día en que aprendí a leer con el libro de Dios!
¡La Biblia, el libro en las manos, es una gracia maravillosa que tenemos![3] Poder manejarla, poder ubicar los versículos que marcamos con lápiz de color, aquella porción con la cual nos identificamos o fuimos consolados, poder abrir nuevamente el pasaje, y aún no logrando recordar detalles de la referencia, poder ubicar la porción leída por recordarla en el campo de visión, ya que aprendimos a marcar bien las partes de la Biblia muy temprano por columnas, ayuda mucho. Y el formateado de las nuevas Biblias electrónicas es diferente. Esto no debería ser dejado a un lado jamás.
Además, manejar bien la Palabra de Dios incluye memorizar sus libros y saber posicionarlos con maestría en la apertura del texto sugerido para el sermón o para la lectura devocional. ¡Cómo es bueno manejar la Biblia! Esto demuestra el crecimiento y madurez espiritual. ¿Podemos olvidarnos las canciones que aprendimos cuando éramos niños sobre todos los libros de la Biblia y la secuencia exacta de esta belleza, ubicándolos también en el Libro? Un celular o tableta, jamás podrán equivaler a esta emoción.
Saber ubicarse en la Biblia hace una gran diferencia. ¡Demuestra que hay diferencia en su vida por saber manejar este libro sagrado! No hay tecnología que proporcione esto, créame. Y no me gustaría ver a los niños de estos tiempos modernos quedarse sin este privilegio y salir perdiendo, de hecho, por no saber usar la Biblia, entre otros asuntos que considero preciosos. No se puede ser un espadachín eficiente con un jueguito de espadachín en el celular o tableta. No se puede ser un buen lector y observador de la Palabra de Dios, sin saber dónde están ubicados los libros. Éstos tienen hojas escritas, tienen historia, tienen tiempo[4].
Es indescriptible el sentimiento de poder abrir la Biblia y encontrar el texto que se buscó con lágrimas en el momento de gran dolor o aflicción. ¡No retiremos de nuestros niños este privilegio: el de saber dónde está el texto deseado en el libro de Dios!
Infelizmente ya retiramos tantas cosas de nuestros niños. Retiramos los concursos bíblicos, el buen hábito de cantar los himnos históricos de nuestra fe, el buen provecho del culto doméstico, la riqueza de memorizar versículos y otras porciones de la Biblia, y hay quien desee retirarles la Escuela Bíblica Dominical. ¿Les retiraremos ahora la Biblia en forma de libro de sus manos? ¡No, les imploro que no! Yo tengo ambas, puedo inclusive ser interpretado como exagerado en lo que les diré, pero confieso: siento una enorme diferencia entre leer la Palabra de Dios en el papel y leerla en la pantalla fría de cualquier aparato electrónico.
4. ¡Debido a la identificación con el Libro!
Mi abuela Cecilia fue convertida por Dios cuando ya era madre de ocho hijos. Mi madre era muy pequeña, pero me contó de los días de la conversión de mi abuela. Cecilia sufría agruras con el esposo que seguía bebiendo, seguía en las juergas de las noches, seguía perdiendo empleos y seguía insistiendo en gastar las parcas economías de la familia de manera disoluta. Pero cierto día un presbítero, que era cajero viajero le habló de Jesucristo, y le dio una Biblia. ¡Cecilia se convirtió, ¡y qué creyente en Cristo fue mi abuela! Los vecinos católicos fervorosos le dieron la espalda y nunca más compraron sus utensilios de hojalata (ollas, vasos sencillos que ella fabricaba y vendía en las ferias del vecindario). Las procesiones enormes se detenían frente a su casa de propósito, y entonaban cánticos católicos por largas horas, recitando también palabras contra el protestantismo. No fueron pocas las pedradas contra los vidrios de sus ventanas. Pero mi abuela, que lo había perdido todo, ¡había ganado a Cristo! Y leyendo la Biblia crió a las hijas en el camino del Señor. El domingo por la mañana todo el mundo salía de la casa, cada cual llevando consigo su Biblia. Esto incluía a mi madre que aún era pequeña.
En Río de Janeiro nuestros hermanos eran conocidos como “Biblias” de tanto que las llevaban y sabían usarlas. Como creo que es importante el creyente y su Biblia. ¡Llevarla denota visiblemente la identificación con el Libro, con su contenido y con la gente de fe en Cristo! Hubo un momento en que era necesaria mucha valentía para llevarla en público, pero esto traía no sólo respeto, como también identificación, insisto en esto! ¿Y un celular que tiene Biblia? ¿Qué me dice en público? ¿Con qué me identifica y con quién?
Nuestros hijos deben aprender a amar este Libro, pues si aprenden a amar al celular, aunque este contenga la Biblia, no será su identificación más grande y pública, y ellos se perderán por muchos caminos atractivos de un celular. Su hijo no sentirá esta preciosa identificación con el Libro de Dios y todo lo que éste representa para la vida y para la fe.
Somos un pueblo. En Estados Unidos este PUEBLO fue llamado como “el Pueblo del Libro”. ¡Y qué Libro! Ningún celular logrará traer y mantener esta identificación y esta identidad. No sea usted, adulto o padre, uno que irá contra esta y otras tantas lindas historias de gente que ama el Libro de Dios. Lleve siempre su Biblia a la iglesia, y deje el celular en su casa. Lea la Biblia en su casa – la Biblia de papel y en el papel. Demuestre la importancia de este libro y la diferencia de su lectura. Creo que la Biblia en tableta o en celular está llegando a ser cada vez más usada para verificar un texto ocasional o para lectura sólo en el culto. Sólo esto. Esta parece ser la vida y acción de muchos creyentes actualmente y estoy empezando a convencerme de esto.
No retire la Biblia de su hijo. Sí, el libro. Leerla, transportarla e identificarse con toda la historia linda y sobresaliente del pueblo de Dios que la amó, preservó y le dedicó atención especial mientras la conducía hacia la iglesia y era conducido por ella durante la vida, ninguna tecnología suplantará eso.
Actualmente ellos son niños y adolescentes. Hoy ellos lo miran y aprenden con usted. Y yo les digo: ahora que estoy a pocos días de llevar a mi hija a la universidad, en otra ciudad muy distante de donde vivimos, para que inicie su vida académica, hizo toda la  diferencia en mi corazón verla arreglando la valija y poniendo allí su Biblia con cariño. Esta linda escena que quedará en mi memoria no sería posible si ella hubiese colocado sólo su celular, aunque conteniendo la Biblia. Piense en esto.
Algunos consejos:
1. Deje su celular en casa. Aprenda a no llevarlo a la iglesia. La mayoría considerable de los creyentes no necesita el celular el domingo. Pero por cuestión de seguridad (como la de tener que llamar una grúa), deje el celular en el auto o apagado dentro de la cartera.
2. Profesionales del área de salud o de otras áreas que requieran estar con el celular por asuntos de emergencia, déjenlo en el modo vibrador y nunca entreguen el celular a su hijo.
3. Desacostúmbrese urgentemente de leer la Biblia en el celular durante el culto. Buena parte de los creyentes lo hace y está perdiendo rápidamente el buen hábito de llevar la Biblia a la iglesia. Muchos creyentes también están perdiendo la capacidad de retención del texto leído debido a esto.
4. Como el celular es mucho más importante para otros asuntos y usos diarios, el riesgo de que la Biblia pase a ser sólo una de aquellas aplicaciones opcionales y “de uso de vez en cuando”, llega a ser grande. Perdida en medio de tantas aplicaciones opcionales que usted ya bajó, ésta corre el riesgo de caer en el olvido.
5. Encuestas, estudios, autoridades médicas aún discuten los maleficios de la tecnología en la mente de los niños. No se quede sólo con la opinión de los que defienden los beneficios de la tecnología. Hay mucha discusión abierta en este campo. Estudie algo sobre dislexia, por ejemplo, y vea cómo los aparatos electrónicos, games, juegos y afines pueden contribuir para problemas como dislexia o síndrome de Asperger.
6. Desconcentrarse en cultos ya es algo muy fácil para los niños y adolescentes. Con un recurso tecnológico en manos, el problema ciertamente aumentará.
7. Si en cines, salones de clase, aviones… es prohibido el uso del celular, ¿por qué sería diferente en la iglesia? ¿Y por qué está de acuerdo usted de que el aparato deba estar apagado definitivamente en el cine (pues estorba la película), en el salón de clases del hijo (pues perderá la concentración al jugar en el celular, sin lugar a dudas) y en aviones (pues compromete la seguridad), por qué puede en el culto?
8. Cuando nuestras hijas eran pequeñas y ya estaban alfabetizadas, mi esposa anotaba los puntos y partes del sermón y ellas iban tomando nota también, tomando algunos puntos de los apuntes de la madre. Esto ayudaba en la concentración, en el acompañamiento y en la retención del mensaje. Incentive a sus hijos a anotar los puntos del sermón. Hágalo juntamente con ellos.

1 – Ver Tito 2.7; 2 Timoteo 1.13.
2 – Ver Mateo 18.1-6.
3 – Le invito a leer y meditar en la historia del rey Josías y el libro perdido – 2 Reyes,
capítulo 22.
4 – Ver 2 Timoteo
Jader Borges es pastor presbiteriano en la ciudad de São José dos Campos, SP, y secretario general del Trabajo con la Infancia en la Iglesia Presbiteriana Brasileña. Estudió en el seminario de Recife y en la Theologisches Seminar Ewersbach, en Alemania. Promueve el congreso infantil Primeros Pasos.

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