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9 de junio de 2015

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Cómo alejar a los intrusos que trabajan contra la armonía entre la felicidad de la familia y el trabajo del pastor
El llamado al ministerio pastoral puede ser una de las experiencias más plenas y con recompensa que alguien podría tener. Pero este mismo llamado puede ser muy desafiante y peligroso. Específicamente la rutina diaria de un pastor puede tener grandes efectos negativos sobre su vida personal, familiar y su matrimonio. Para algunos esto puede no ser novedad, pero la impotencia que persigue a muchos pastores mientras tratan de huir de las minas terrestres alrededor de su matrimonio y familia dejan a muchos heridos y mutilados.
Pero, antes que alguien me considere pesimista, debo decir que me alegro muchísimo con las generaciones de pastores que han compartido en este bendecido trabajo la salvación comprada por la sangre de Cristo, y la capacitación del pueblo de Dios para la vida de servicio. Muchos de ellos bautizan en nombre de la Divinidad, dedican niños a Dios, sepultan santos que descansan en Jesús, animan a muchos que están desanimados, ofician la unión de parejas felices, desafían a jóvenes a vivir por Cristo, predican sermones fervorosos, y más, mucho más. ¡El ministerio pastoral es una vocación extraordinaria! Ante eso somos llevados a preguntar: ¿Puede acaso haber alguna cosa negativa en un llamado tan noble? ¿Puede haber algún peligro en su ejecución? Sí, puede. De hecho, ¡hay muchos peligros!
Factores de estrés
Hace pocos años tuve la oportunidad de estudiar sobre familias pastorales, y me resultó muy fascinante hacerlo. Muchas de estas familias comparten cinco factores principales de estrés: movilidad, baja compensación financiera, elevadas demandas, bajo apoyo social e intromisión en los límites familiares.
En muchas denominaciones los pastores cambian frecuentemente de una iglesia a otra y de una ciudad a otra. Estos cambios involucran rotura de lazos familiares, contactos sociales, amistades e instituciones sociales que ayudan en la supervivencia y en el bienestar. Esposa e hijos pueden tener que separarse del trabajo y de la escuela para que la transición sea relativamente pacífica.
Con respecto a la remuneración, en algunas regiones del mundo el pastoreado está entre las de menor nivel en relación con otras ocupaciones. Aunque esté en el tope con respecto al nivel educativo, los pastores están disminuidos en la escala salarial. En realidad, ocupan el 325º lugar entre 432 ocupaciones. El llamado al ministerio frecuentemente presupone voto de pobreza. Esta vocación que demanda cierto estilo de vida parece ser incompatible con la capacidad que tiene el pastor de mantenerlo. Por esta razón la familia tiende a ser financieramente restringida, lo que tiene serias implicaciones para la satisfacción conyugal y con la estabilidad emocional. [1]
Las exigencias que involucran tempo representan gran desafío para los pastores. Mientras trata de dividir el tiempo entre familia, iglesia local y la organización, él corre en muchas direcciones y algunas cosas quedan sin atención. Muchas veces la familia es descuidada. El efecto de trabajar 24 horas por día es subestimado groseramente. Esto puede minar la constitución física, emocional y espiritual del pastor y robar de su matrimonio la vitalidad que puede ser sustentada sólo por inversión de tiempo cualitativo y energía. Las fallas públicas y particulares de los pastores testifican en parte la angustia de las demandas de tiempo.
Apoyo social es una cuestión fundamental para los pastores. Uno de los engaños más sutiles del ministerio es la creencia de que por el hecho de que los pastores trabajen con personas y estén siempre con ellas, sus necesidades sociales sean automáticamente satisfechas. Pero la realidad del ministerio frecuentemente es contradictoria a la satisfacción de necesidades sociales. Si tal satisfacción involucra interacción caracterizada por apertura, desafío, responsabilidad, amistad recíproca permanente, puedo decir que el ministerio, según es practicado, no permite esta interacción entre el pastor y los miembros de la congregación y otras personas.
Pedestal y “anti-fraternización”
Una característica del ministerio pastoral es descrita por algunos como “norma de ‘anti-fraternización’.[2] Esta norma impide al pastor de tener amigos íntimos. Las relaciones son pasajeras y las necesidades emocionales del pastor y familia no son satisfechas en el contexto general. Otra característica del ministerio es conocida como “efecto pedestal”. Frecuentemente el pastor es promovido por su congregación y se aleja de la experiencia humana común. El pastor valora y busca esta promoción y así no experimenta mucho de la relación con la congregación. Aún el establecimiento de una relación terapéutica para ayudar en la solución de un problema emocional o familiar se ha mostrado amenazador para muchos pastores. La línea que separa al pastor de su trabajo es muy vaga en la mejor de las hipótesis.
El pastor y su familia “pertenecen al pueblo” y tienen poco espacio físico y emocional para vivir libres de restricciones, expectativas, exigencias y juicio sobre ellos. La intromisión en el espacio particular puede causar serios efectos en el pastor y su familia. Vivir en una “casa de vidrio” puede crear una hipervigilancia debilitadora que mantiene al pastor en un estado desgastante de alerta.
Mi intento de probar los efectos de estos estresantes en la satisfacción conyugal, paternal, así como en la satisfacción del cónyuge iluminó el asunto en análisis. Cuando los factores de movilidad, compensación, exigencias de tiempo, falta de apoyo social e intromisión en los límites familiares y el apoyo social parecieran ser sólo los únicos factores de influencia en la satisfacción conyugal del clérigo y esposa.
Ahora analicemos algunas cuestiones que pueden ser abordadas por los pastores y administradores, a fin de ayudar en la maximización de la satisfacción pastoral. Con esto quiero decir que el pastor debe asumir la responsabilidad personal de administrar estas cuestiones, teniendo en vista fines positivos. La familia debe involucrarse en medidas de protección a fin de asegurar que sus límites no sean comprometidos, además de administrar otros factores estresantes que enfrentan. Los administradores de la Iglesia, en las instancias superiores, también deben establecer medidas de protección y procedimientos que minimicen los impactos negativos sobre el pastor y familia.
Vasos de barro
Tengo recelo que en el entrenamiento de hombres para el ministerio sea discutido poco sobre las mayores exigencias sistémicas de la vida ministerial, que pueden ser potenciales para desestabilización personal y familiar. En este contexto hay el pensamiento engañoso de que ayudar a otros sea más importante que cuidar a sí mismo y a la familia. Se lo que usted puede estar pensando: “Esto no sucede conmigo. En realidad nunca sucederá”. En este caso le agradezco por ayudar a ilustrar el argumento que pretendo desarrollar. Dedicamos poca atención a esto. Podemos seguir hablando sobre el enigma de la invulnerabilidad, duda sobre relaciones, sentimiento de culpa por no trabajar más, identidad basada en no hacer en vez de ser, y la perpetuación del mito de perfección en la vida, en el trabajo y en la familia. En este contexto estas son cuestiones sistémicas y todas tienen relación con matrimonio y familia.
Si algo tiene que cambiar para el pastor y familia, tiene que ser una concienciación teológica del cuidado de sí mismo y de la familia. De otro modo lucharemos eternamente con la misma cuestión de negligencia de sí mismo y de la familia, que lleva a consecuencias desastrosas para la vida, la salud y el bienestar de todos. Esto no forma parte del llamado divino. Este llamado incluye un modelo de cuidado propio y de la familia, entre otras cosas, y demostración de cómo cargar la verdad de Dios “en vasos de barro”, mientras vivimos en un mundo real. ¿Perfectamente? ¡Jamás! Pero la lucha es en sí misma el mayor testimonio del poder de Dios que se perfecciona en la debilidad.
Responsabilidad del pastor
Algunos modelos de vida ministerial llevan al pastor a trabajar en un ambiente hostil a la prosperidad del matrimonio y de la familia. El pastor que se mantiene a distancia de las personas, pintándose como superhombre invulnerable, no disfrutará relación nutritiva mutua y sufrirá aislamiento y soledad, entre otras cosas, aunque trabaje entre gran número de personas.
Propongo que el modelo de “jefe ejecutivo” (CEO) de liderazgo pastoral no sea apropiado. El pastor no es el CEO de una corporación, sino una persona colocada entre otras personas para enseñar y ejemplificar la voluntad de Dios. La relación pastoral es más de amistad con la congregación, lo que facilita la construcción de una comunidad auténtica. En esta comunidad auténtica, pastor y esposa pueden vivir y crecer con otras parejas, animándose, apoyándose y desafiándose mutuamente en esta jornada llamada vida.
Me imagino que una respuesta a la idea anterior sea que esta amistad debe ser encontrada en otros lugares y entre sus pares. Las conversaciones entre pastores no son usualmente con respecto a la nutrición emocional mutua. Creo que si el ministerio es ejercido como Jesús hacía, algunos de los desafíos actuales puedan ser anulados o hacerse más administrables. Jesús se acercó a hombres y mujeres durante su ministerio, y derrumbó los muros de separación e hipocresía que había entre los escribas intelectuales, los filósofos saduceos y el “pueblo común”.
La falta de apoyo social que nutre tiene implicancias significativas sobre la nutrición paternal y conyugal. Un matrimonio necesita comunidad, así como este tipo de sociedad necesita tiempo para florecer. Esto puede suceder con los clérigos en la congregación. Los hijos pueden alegrarse con el pedestal por algún tiempo, pero pronto empezarán a rebelarse contra la presión de la “casa de vidrio”. Con límites apropiados, este modelo sugerido puede servir a grandes objetivos.
Desafío de las esposas
Puede ser difícil desafiar a las esposas de los pastores a asumir responsabilidad personal por la satisfacción conyugal y paternal. Muchas de ellas sienten como si fuera un sacrilegio desafiar al compromiso en el trabajo del pastor y exigir de él mayor participación en la vida familiar. “¿Cómo me atreveré a hacer esto?”, es la pregunta que brotará ante tal desafío. Entonces, más que solución, esto es parte del problema. Por el hecho de que el llamado ministerial es considerado intocable (el “efecto pedestal”), frecuentemente la esposa sufre en silencio y lentamente desarrolla actitudes negativas con relación al ministerio y al Dios de su pastor. Algunas veces se desliza hacia el cinismo y odio en relación con el llamado y a todo lo que sea asociado con éste.
Según lo dijo alguien, “si haces lo que siempre has hecho, lograrás lo que siempre has logrado”. No puedo culpar a nadie aquí, pero muchas esposas deben ser enseñadas a levantarse contra las fuerzas que amenazan su matrimonio y vida familiar, y ayudar al esposo pastor a trazar los límites que preservan la integridad de las relaciones conyugal y paternal. Ellas necesitan ver al pastor como una persona real, con inclinaciones comunes a los seres humanos, y que necesita ser desafiado muy frecuentemente. Haciendo así, ellas establecerán el tono alegre de su unión.
Los pastores deben reflexionar profundamente sobre sus opiniones y filosofía sobre la intromisión en los límites de la familia, e investir bastante tiempo y energía hasta que sean victoriosos. En cierto sentido, el pastor puede tener la mejor agenda entre otras profesiones, pero esta cuestión no siempre es soberana. El pastor, así como la esposa tienen que priorizar los límites de la familia o ésta será grandemente perjudicada. Nuestros hijos pueden ser descuidados mientras visitamos fielmente a otras familias. La generación más joven de parejas pastorales necesita saber que ellos deben establecer hábitos positivos lo más temprano posible.
El papel de los administradores
En el trabajo del pastor, transferencias de una iglesia a otra son inevitables. No me opongo a estos cambios pastorales que ayudan a establecer la iglesia en varios lugares. En mi experiencia acepté todo cambio como siendo un llamado y estuve listo para marchar según las órdenes superiores. Pero pienso que muchas veces los cambios son hechos sin la mínima consideración sobre los desafíos y posibles perturbaciones al equilibrio personal, familiar y congregacional. La esposa del pastor difícilmente es considerada, mucho menos consultada por ocasión de la transferencia.
Tales cambios pueden afectar los vínculos emocionales, la estabilidad profesional, los planes educativos de la esposa y de los hijos, además del ministerio de la propia esposa, entre otras cosas. Una transferencia puede tener significado totalmente diferente para el pastor. Por ejemplo puede representar una oportunidad de reciclar habilidades y sermones en otro lugar, alejarse de los problemas de la iglesia anterior, ser “promovido” a una iglesia mayor. Pero todo esto puede no tener significado para la esposa.
Los líderes del Campo pueden hacer un bien mayor al considerar las necesidades de toda la familia en estos cambios; trabajar para crear significado compartido con las esposas así como ayudarlas en la adaptación al nuevo ambiente. Aunque los cambios sean inevitables, pueden ser mejor recibidos por las esposas, en caso que sus necesidades también sean consideradas. Los administradores pueden ser más intencionales en establecer planes de trabajo y directrices que permitan al pastor estar presente en el hogar, con el objetivo de fortalecimiento y crecimiento familiar.
Hace poco tiempo, al conversar con un grupo de pastores con respecto a los desafíos al bienestar de la familia pastoral, oí de uno de ellos, recién casado, lo siguiente: “Desde que me casé aún no pude sentarme al lado de mi esposa en la iglesia”. Si esto es verdadero, sugiere una cultura ministerial que coloca el interés por el bienestar de los miembros de la congregación sobre el interés por el bienestar de la esposa, y que al ministrar, el pastor no debe ocupar la mente con las necesidades y la comodidad de la esposa. Si tratamos de oír sobre el punto de vista de la esposa con respecto al ministerio y al impacto que éste ejerce sobre ella todos los días, inclusive el sábado, las revelaciones nos harán pensar seriamente. Lentamente, pero con seguridad, muchas de las esposas acaban por despreciar las cosas que las alejan del cónyuge, siendo debido a esto tentadas a reducir microscópicamente el significado del ministerio.
Necesitamos remar contra esta marea y crear una experiencia más rica, nacida de la valoración, del respeto y honra a la familia, viendo como enemiga cualquier cosa que amenace con reemplazarla como primer objetivo de nuestro afecto y atención, aunque amemos al pueblo de Dios y debamos trabajar por su salvación.
Consejos oportunos
Concluyo, dejando aquí algunos consejos a las parejas pastorales:
  • Planifiquen su vida y su trabajo de manera que se aseguren que la esposa y la familia tengan lo mejor de su tempo y energía. Construyan memorias en lugares especiales, haciendo algo agradable juntos. Hagan con que los momentos pasados en la iglesia sean especiales para la esposa y los hijos. Su congregación se sentirá feliz y entusiasmada al ver cómo se tratan ustedes en la iglesia. Los miembros pueden olvidarse del sermón, pero no se olvidarán de esto.
  • Aprendan a desarrollar habilidades de administración financiera, y colóquenlas en práctica en el hogar, a fin de evitar dificultades en esta área.
  • Creen una cultura de vulnerabilidad con respecto a ustedes.   No den la impresión de que están por sobre todo y todos. Sean auténticos. Hablen sobre sus deseos y luchas para ser el mejor esposo y padre, la mejor esposa y madre que desean y pueden ser. Pidan oraciones a los hermanos a su favor y oren a favor de ellos.
  • La esposa del pastor debe tener identidad propia. Debe involucrarse en el propio llamado, en vez de depender que la iglesia lo indique. Esto la protegerá contra algunos efectos negativos de la vida en la iglesia.
  • Cultiven amistades. Nuestras necesidades sociales deben ser satisfechas. La interacción amigos nos deja siempre de buen humor. Al lado de esto, sea el mejor amigo de su esposa.
  • Establezcan límites saludables en torno a su matrimonio. Disfruten al máximo su día de descanso. Resistan a toda intromisión en su espacio privado familiar.
  • No se dejen iludir con presuposiciones. Comuníquense. Hablen, oigan y observen. El matrimonio y la familia son regalos maravillosos de Dios. ¡Aprécienlos! Practiquen la mayordomía familiar. Los dividendos de esta práctica sobrepasan los límites de este mundo.
Referencias:
1 D. Mace y V. Mace, What’s Happening to Clergy Families? (Nashville, TN: Abingdon, 1982).
2 T. Blackbird y P. Wright, “Pastor’s Friendship: Project Overview and an Exploration of the Pedestal Effect”, Journal of Psychology and Theology 13 (1985), p. 274-283.
Curtis A. Fox, profesor de Consejería Familiar, en la Universidad de Loma Linda, Estados Unidos (2013) Fuente: Revista Ministério (PT), Septiembre-Octubre de 2013.

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