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3 de mayo de 2015

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Estoy seguro de que el Concilio Anual de la Conferencia General, en su última reunión, fue inspirada por Dios para recomendar que la iglesia mundial, representada por sus delegados en San Antonio decidieran, con un SÍ o un NO, permitir que las divisiones mundiales establecieran políticas que gobernasen el tema de la ordenación de las mujeres.
La iglesia ha crecido. Un pequeño grupo de fieles creyentes a finales del siglo XIX se ha tornado en una familia multicultural de casi 20 millones de creyentes alrededor del mundo. Ese crecimiento tiene su precio: respetar la diversidad de razas, lenguajes y culturas dentro de la unidad que Jesús soñó cuando dijo: «Para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Juan 17:21).
Conforme predico el evangelio en diferentes países alrededor del mundo, me regocijo al ver la diversidad de nuestra familia mundial y, por esa razón, apoyo el voto de SÍ. Estoy a favor de permitir que cada División decida si debería o no ordenar a nuestras hermanas. Hacer esto es aceptar el desafío de continuar siendo una iglesia unida en nuestra diversidad.
Fuente: http://www.adventistelders.com/espanol/

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