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27 de marzo de 2011

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Diversos estudios demuestran que la suerte no es algo que "llega", 
sino que una situación que cada persona puede construir y cambiar.
por Alexis de Ponson M.
Para la mayoría de las personas la suerte se encuentra en un territorio difuso y poco claro. La consideran incontrolable e incluso, inexistente. Sin embargo, la ciencia dice otra cosa: la buena fortuna existe, pero no como algo mágico, sino que como un hecho que no sólo podemos construir, sino que también cambiar. Richard Wiseman, sicólogo de la U. de Hertfordshire, en Inglaterra, y autor del libro Lucky Factor - que se ha convertido en un bestseller- ha estudiado por una década a los "afortunados" y su conclusión es categórica: si bien la fortuna de una persona dependerá de varios factores, entre ellos la propia personalidad y los valores y actitudes que les transmiten sus padres, "la suerte no es algo que te ocurra, es algo que puedes crear", dice. Investigaciones de diversas universidades del mundo lo confirman. Conozca aquí cómo transformarse en un "suertudo".
1 Crear redes sociales positivas
Una de las claves de la buena fortuna es la red social con la que nos relacionamos. Así lo afirma Wiseman, quien aplicó una serie de test para saber qué características diferencian a las personas que se sienten con suerte de aquellas que creen ser menos afortunadas. Descubrió que las personas afortunadas eran más extravertidas que las que no lo eran y que además tendían a generar redes sociales positivas, es decir, se relacionan con gente a las que les iba bien o que eran un aporte para sus vidas. Los "no afortunados", en cambio, tenían escasas redes y la gente con la que se relacionaban tendían a ser negativas o pesimistas. Para Wiseman, aquí no hay magia, sino lógica: una red social positiva y amplia aumenta las probabilidades de tener mejores oportunidades en la vida.
2 Tener una actitud relajada frente a la vida
Las pruebas realizadas por Wiseman también constataron que las personas que decían ser afortunadas tendieron a ser más tranquilas y relajadas que la mayoría y que quienes se sentían poco afortunados. Según el experto, esta característica les permite a las personas tener más probabilidades de darse cuenta de las oportunidades que se les presentan. Nuevamente no hay azar, sino que capacidad de medir las cosas con calma para tomar buenas o malas decisiones.
3 Evitar supersticiones
Las creencias pueden marcar la diferencia entre los afortunadas y los que no lo son. El estudio de Wiseman reveló que el 82% de las personas que se definieron con mala suerte creen en el horóscopo y las supersticiones, mientras el 80% de quienes se sienten afortunados creen que las situaciones dependen de sí mismos.
Esto pasa porque las personas con buena fortuna tienden a tener buenas expectativas y usualmente esperan que el futuro sea bueno para ellos. En este plano, la confianza es clave. Y aunque algunas personas creen que tienen buena suerte por "cosas mágicas" como un amuleto de la buena suerte, la ciencia ha demostrado que el secreto está en la confianza. Así lo demostró un estudio realizado por la U. de Colonia, en Alemania, en que los científicos pidieron a un grupo de voluntarios que les llevaran sus amuletos para tomarles una fotografía. A la mitad de ellos se los devolvieron y a la otra mitad se les dijo que debían fotografiarlos nuevamente y se los entregarían más tarde. A continuación todos los participantes fueron sometidos a un test de memoria. Los que tenían el amuleto consigo alcanzaron mejores resultados. Ellos dijeron sentirse más seguros y se pusieron metas mucho más altas que quienes no tenían su amuleto durante el test.
4 Escuchar las corazonadas
Las personas con mala fortuna tienden a ignorar sus corazonadas y luego se arrepienten de sus decisiones. A veces, lo que es percibido como "suerte", en realidad es que el cerebro ha dirigido a la persona, de manera subconsciente, hacia la situación ideal cuando se presenta la oportunidad. Una función conocida como percepción preventiva, la cual potencia la acción de las neuronas en relación con una meta, aún antes de que el cerebro la identifique de manera consciente. Es generada, en parte, por el lóbulo frontal del cerebro.
5 No echarse a morir
Gracias a los test aplicados a personas afortunadas y desafortunadas, Wiseman constató que la gente afortunada suele olvidarse de los acontecimientos desafortunados que les han sucedido y se centran en su buena suerte. Sus recuerdos positivos, luego, hacen que se sientan felices y afortunados, y esto, a su vez, les lleva a pensar en otros momentos cuando las cosas funcionaron bien para ellos. Esto produce un espiral que los fortalece ante eventos adversos. Otro hallazgo: las personas con mala suerte no evalúan por qué no han tenido éxito en el pasado, lo que los hace repetir sus errores. Los "afortunados, en cambio, toman sus fracasos como una oportunidad para aprender. Así, realizan acciones concretas para prevenir la mala fortuna en el futuro.

Otras claves

Estar dispuesto a hacer el intento
Los afortunados tienden a asumir riesgos, aunque las posibilidades de éxito sean muy bajas. Según un estudio de la U. de Leicester, los pesimistas tienden a evitar las situaciones de resultado incierto, mientras los optimistas ven que sus posibilidades se maximizan sólo por la incertidumbre.
La buena fortuna actúa como un imán
Un estudio de la U. de Harvard determinó que los niños entre cinco y siete años suelen juntarse más con personas que se benefician de eventos incontrolables que quienes son víctimas de situaciones no intencionales, aun cuando no manejen ninguna otra información sobre ellos.
Estar abierto a nuevas experiencias
Muchas veces las buenas oportunidades son desperdiciadas por el miedo a tener experiencias nuevas y desconocidas. Según Wiseman, las personas que están dispuestas a vivir nuevas experiencias tienen más probabilidades de encontrarse con buenas oportunidades.

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